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lunes, 22 de junio de 2009

La democracia del silencio


“La democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para resolverlos.”
Enrique Múgica Herzog (1932-?) Político español

Me encontraba hace unos momentos haciendo un experimento cibernético en donde inicié una búsqueda con el título “anular voto” y me encontré horrorizado una saturación de información al respecto con tan solo 800,000 sitos de internet hablando de las maravillas de anular nuestro voto en las próximas elecciones. La mayoría de estas, insertadas por los medios de comunicación que predominan en nuestro país. No me gusta ser paranoico pero todo esto me suena a algún interés de por medio, a querernos guiar en la manera en que votemos. Lamentablemente, somos un país que cree todo lo que la caja idiota llamada televisión y los otros medios nos dicen. Ellos nos dictan cómo pensar y cómo actuar, el cómo vivir y el cómo ser dirigidos e incluso el cómo votar. Son muy pocos los mexicanos que en verdad investigan sobre que van a hacer por su voto, analizan y hacen una racionalización adecuada. Es por esto mis amigos, que les quiero recordar de nuevo las bases y orígenes de la democracia y el cómo anular el voto o el no votar en sí es una manera de callar y de seguir otorgando el poder a esos políticos que pelean por un puesto como hienas con la carroña.

Desde las épocas de Aristóteles se planteó que el poder nace del pueblo, y el mismo pueblo elegirá a uno de ellos como su representante, el cual buscará exponer todos los problemas de esa sociedad y buscará los medios y las maneras para solucionarlos. Lamentablemente, todo esto se corrompió y el ser político se volvió una especie de superhombre, o incluso de otra especie. Uno deja de ser humano y se vuelve político. Es mi humilde opinión que esto pasó por culpa de todos nosotros que los dejamos convertirse en dioses, y al hacer esto dejaron de voltear a vernos. Si un político roba, es porque lo hemos dejado robar. Hemos cosechado las generaciones de políticos que tenemos por olvidarnos de nuestro propio valor. Somos nosotros la democracia, nosotros somos el cambio. Ninguna propuesta electoral actual va a cambiar a menos que no cambiemos nuestra mentalidad y recordemos. Recordemos que nosotros somos la democracia y nosotros somos nuestro país. La solución no está en anular nuestro voto o en ausentarnos pues ahí reside el gran silencio. Mejor alcemos la voz y propongamos, generemos y actuemos. Comencemos a estar en movimiento, y no solo quedarnos sentados viendo la televisión y quejarnos de nuestra situación.

Hasta que no nos demos cuenta de esto, y renovemos nuestra democracia desde las mismas bases, no cambiará nada. Por ahora los líderes políticos nos creen tener como borregos en el corral, dormidos comiendo propuestas con una rica apariencia, pero con ningún valor nutrimental ya que solo nos engordan para luego usarnos a sus expensas. Nadie nos dará el México que queremos si nunca se enteran de qué es lo que los mexicanos exigimos.

Alza la voz, comenta, lee, participa, busca, analiza y vive la democracia. En Cancha Ciudadana te queremos oir.

miércoles, 17 de junio de 2009

¿Es lo mismo no acudir a votar que anular el voto?

Las campañas a favor de la anulación del voto han marcado el proceso electoral de este año, provocando un gran número de comentarios y análisis al respecto, desde los que consideran que la anulación del voto es un derecho de la ciudadanía que debe tener repercusiones en el sistema de partidos hasta los que señalan que es un atentado contra la naciente democracia en nuestro país.

Al escuchar muchos de estos comentarios, me queda la impresión de que con el propósito de argumentar a favor de su posición particular, muchos han perdido la objetividad, atacando violentamente la opinión contraria. El erróneo y a veces mal intencionado tratamiento de la diferencia entre el abstencionismo electoral y la anulación del voto, y las implicaciones de cada uno, es una muestra de esto.

Independientemente de si se considere útil, acertado o plausible anular un voto, me parece que en toda esta discusión hace falta establecer distinciones, a mi modo de entender, bastante claras. La votación popular como mecanismo para la elección de los representantes públicos es el vehículo establecido legalmente para la participación ciudadana en este tipo de elecciones. Por lo tanto no debe calificarse la anulación del voto en la papeleta electoral como un rechazo a la participación, aunque sí pueda decirse que es una decisión de no influir en el resultado de la elección que arrojaría a los representantes que irían a los diversos cargos públicos. Decir que la anulación del voto es un golpe a la democracia de la misma forma que lo es el abstenerse de votar me parece un error y a veces una mentira intencional.

Lo que habría que preguntarse es cuál es la intención de aquellas personas que piensan anular su voto. Evidentemente no es incidir, en el periodo inmediato, en quiénes ocuparán los cargos públicos en juego, pero no veo por qué no sea legítimo el que sus intenciones estén vinculadas con objetivos en el mediano y largo plazo.

No sé en qué medida un alto porcentaje de anulación del voto podría tener efectos reales con el tiempo en el sistema político y en el sistema de partidos en México, pero me parece claro que los ciudadanos tienen el derecho legítimo a buscarlos por los mecanismos legales que consideren pertinentes. En varios países el voto en blanco tiene consecuencias directas sobre el sistema de partidos, por ejemplo restando financiamiento a los mismos. Ese no es el caso en México, pero la participación ciudadana puede avanzar en dirección a que el sistema político atienda bajo mecanismos más eficaces sus demandas.

Lo que a mi parecer queda claro es que el arraigo que ha tomado este movimiento a favor de la anulación del voto refleja el descontento de una buena parte de la población mexicana con su sistema de partidos y con su clase política. Habría que luchar por que existan los mecanismos para que la ciudadanía esté representada en los órganos públicos y en los sistemas de elección popular.

Con lo que no estoy de acuerdo es con la descalificación de unos y otros a las voces que manifiestan su preocupación por el resultado de las elecciones, por un lado, y a las que ven en esta acción un medio para incidir en una transformación de nuestro sistema de partidos, por el otro. Creo que ambas posturas son respetables y que en ambos campos hay mucha materia para el debate. Me parece que en la medida que discutamos estos temas con mayor respeto hacia las posturas opuestas, avanzaremos en la conformación de una nación más propensa a considerar al otro, lo cual se vería reflejado en la postura de los políticos hacia los ciudadanos.